mi ojo mira despacio.


La siguiente escena se observa de forma habitual desde la calle de la
avenida cortes valencianas de vall d”uixó a través de los cristales de
un ETT durante la campaña de recogida de la naranja.

Nuestros protagonistas principales son un hombre y una mujer
separados por una mesa en la primera planta de la ett llena de mesas
con ordenadores. a la derecha de este hall hay un macetero y unas
escaleras de metal que suben a un despacho con una puerta y un gran
ventanal que domina la sección de abajo.
EL gran ojo del gerente, un hombre trajeado y calvo con los brazos
cruzados cuando se asoma al ventanal gustando de comprobar con
satisfacción que todo vaya rápido. La mujer protagonista es una
atractiva administrativa negra con acento de Costa de Marfil llamada
Dominga, que se esfuerza por ir rápido contra su naturaleza sosegada.
El hombre que tiene enfrente es un trabajador de 38 años del campo
valenciano llamado Alonso que está acostumbrado a ir rápido desde los
16 años cogiendo naranjas, bosteza en su silla. Se encuentran dentro de
la ETT que está atestada de gente perteneciente a la clase obrera que
forman una masa gris y monótona insalvable, repletas de voces caóticas y
sin sentido dentro de la organización de la ETT . Su decoración se
repite. Mesas idénticas y hombres y mujeres idénticos, que apenas se
miran más que para entregarse papeles y firmarlos sin apenas leerlos.
van demasiado rápido para ver algo o comprender algo.


Entran y salen corriendo, y no paran de entrar y salir nuevas personas
como si hubieran perdido la cabeza allí dentro y al salir lo hicieran
con ella, pero a lo mejor es al revés. Entran con la cabeza y salen sin
ella, o por lo menos sin tiempo para saber si alguna vez han tenido o no
cabeza.
Dominga expresa gestos de preocupación y nerviosismo, acaba de recibir
mientras atiende a Alonso una llamada del gerente diciendo que vaya más
rápida. Suele recibir diariamente este tipo de llamadas desde hace una
par de semanas y le preocupan hasta por las noches cuando duerme.
Dominga extiende a Alonso los documentos para que firme la baja sin
interesarle los motivos y dar paso al siguiente, un marroquí de media
edad y que espera malhumorado impaciente mirando el reloj sin cesar. El
será el que ocupará el puesto de Alonso al segundo siguiente que se
vaya para probar fortuna en el mundo de la velocidad.
Alonso le pregunta mirando los papeles sin prisas a Dominga:
¿ has hecho alguna vez algo más deprisa que los demás?


Dominga lo mira extrañada por la pregunta, y trata de pensar. No se aclara a contestar:
Pues.. no se.. creo que nunca a he ido más rápida que nadie.
luego vuelve a su realidad:
por favor señor Alonso ¿ me puede firmar el cese?
Alonso mira a los jornaleros que están por las mesas dándose de alta y baja a gran velocidad.
Alonso se sincera con Dominga:
Toda esta gente que ves, la única virtud a que ha quedado de su trabajo
es a ir más deprisa que los demás. al que no va rápido es despedido por
vosotros. lo que a lo mejor no sabéis es que se le queda una mala
conciencia por ello, unos sentimientos de culpa y vergüenza.
Se repiten sin cesar en su mente como una oración absurda:
“he ido más lento que los demás. y por eso he sido despedido”
Cuando deberían presumir de eso y decir con orgullo:
“si, he cuidado de mi salud, he ido más despacio que los demás”
Te preguntaras como se todo esto. yo mismo lo he experimentado aunque no te lo creas.
Pero ¿ me he despreciado? me ha causado algún problema reconocerlo, no.
Mi ojo va despacio, le gusta mirar las cosas con calma cuando voy al campo.

un árbol , una naranja, el paso de un caracol por una rama. ¿ has
visto alguna vez la herida que causa la baba del caracol en
una berenjena? No se como las viejas y las zorras se lo ponen en la
cara.
Dominga insiste en que le firme los documento repleta de terror. Nota
dentro de ella el vértigo del gerente , escucha como una voz interna que no
existe amenazante: tic- tac, tic- tac tac . Siente una presencia sobre
su espalda y escucha una voz interior que no es suya sino del gerente que
esta mirando en silencio:
Dominga negrita, venga, venga más de prisa, que eres muy lenta, ya te lo
he dicho varias veces. Todos los negritos sois lentos. Te está bien
puesto el nombre de Dominga.
El moro que no para de ver impaciente el reloj empieza a chillar.
A que venir tanto cuento y tanto hablar, venga, venga, rapidez o Mohamed no trabaja.
Dominga le tranquiliza cada vez más angustiada con un timbre de voz quebrado:
Por favor no se vaya en un momento señor terminamos y firma usted el alta
Mohamed poseído por la desesperación le amenaza:
Dos minutos más o me voy. No me gusta perder el tiempo esperando.
Dominga mira a Alonso compasiva que vuelve a bosteza mirando al gerente asomado al ventanal con la mirada clavado sobre ellos.
Las compañeras de Dominga ya ha dado de baja a tres trabajadores
despedidos por lentos y han sido repuestos por tres nuevos empleados que
prometen ser veloces. Todo en menos de 10 minutos, lo que hará que la
empresa Access tenga un gran beneficio y un cheque ahorro en la
seguridad social por un trabajador discapacitado.
Alonso saca su cámara y le enseña unas fotografías a Dominga:
mira, antes era al revés el trabajo en el campo, era todo lento. Yo
preparaba mi huerta y cada cinco minutos mis ojos se levantan del surco y
se recrean en lo que veían brotar de los surcos. Mi espirita se elevaba
y yo me definía como Alonso un ser contemplativo. Así se llega a un
nivel donde el trabajo no se convierte en un castigo, sino en un premio.
pero ahora se exige lo contrario: la rapidez que es el castigo. y eso
lleva consigo un trabajador estúpido, asustadizo, inculto. La rapidez es
incultura.


Mohamed que escucha levanta los brazos y se va gritando como un Inglés:
Me voy, no aguanto más,esto es una tomadura de pelo inhumana.
Dominga sobrecogida por el ataque de rabia de mohemed se levanta con
los papales de un contrato y lo detiene colocando su bello cuerpo ante
la puerta.
Firme , firme por favor
Mohamed se niega. La aparta convencido y sale.
Dominga se vuelve a la mesa, coloca las manos en la cabeza sujetando su pelo rizado y espeso.
¿ Qué he hecho, qué he hecho? se pregunta llorando.
EL gerente baja indignado con lo que ha pasado. Alonso en ese momento
sin saber porqué se da cuenta de lo que va a pasar y se interpone. trata
de protegerla .
No la culpe, la he entretenido yo.
El gerente mira a Alonso con desprecio por su papel de caballero pobre, y le contesta con sarcasmo :
No la proteja, y menos con una excusa tan vista. conozco como son los
trabajadores. Sino estás encima de ellos se tumban en el suelo como si
fueran perros.
Dominga, la nombra el gerente con disimulo, suba y firme el finiquito.
Ambos suben por las escaleras. Ella va detrás con la cabeza mirando los
pies, resignada. Se vuelve cuando escucha la voz de Alonso que la llama
sentado en la silla:

¿ te espero y nos vamos juntos?

Angelillo de Uixó.